Sin encontrarse. Viajero por su propio torso blanco. Así iba el aire. Pronto se vio que la luna era una calavera de caballo y el aire una manzana oscura. Detrás de la ventana, con látigos y luces, se sentía la lucha de la arena con el agua. Yo vi llegar las hierbas y les eché un cordero que balaba bajo sus dientecillos y lancetas. Volaba dentro de una gota la cáscara de pluma y celuloide de la primer paloma. Las nubes, en manada, se quedaron dormidas contemplando el duelo de las rocas con el alba. Vienen las hierbas, hijo; ya suenan sus espadas de saliva por el cielo vacío. Mi mano, amor. ¡Las hierbas! Por los cristales rotos de la casa la sangre desató sus cabelleras. Tú solo y yo quedamos; prepara tu esqueleto para el aire. Yo solo y tú quedamos. Prepara tu esqueleto; hay que buscar de prisa, amor, de prisa, nuestro perfil sin sueño.
::RUINA :: F.G.Lorca















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